Al parecer y para no desentonar con la característica de este Congreso, el nacionalista Otárola se presta a candidatear para la presidencia del Congreso y remplazar de esta manera al fracasado, también nacionalista Víctor Isla.
Pero si el congresista Otárola se ha caracterizado por su fidelidad a Humala, no lo ha sido precisamente por sus buenas maneras ni por expresiones de concenso, que es lo mínimo que se requiere para un aspirante a la presidencia del Congreso nacional, por más desprestigiado en que éste se encuentre.
Los aliados políticos del partido de gobierno seguramente van a hacer posible la elección de Otárola y con ello vislumbramos un Congreso completamente supeditado al Ejecutivo y con una conducción no muy amable, por decir lo menos de su presidente.
Alguien dirá al respecto que este Congreso se merece tal presidente; ojalá que nos equivoquemos y dando la sorpresa mayúscula el congresista Otárola se ubique bien en su nuevo papel y deje de ser el escudero del presidente, de la primera dama, ministros y demás funcionarios del nacionalismo, para dar paso a una conducción transparente, en busca de concenso y sobre todo que anteponga por sobre todos los intereses particulares partidarios los del Perú y sus sufridos connacionales, que cada vez ven como se deteriora aún más la imagen de este congreso hasta límites insospechados.


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