domingo, 27 de octubre de 2013

FUJIMORI Y SU PEDIDO DE ARRESTO DOMICILIARIO

Como es de conocimiento público, el sentenciado ex presidente de la república Alberto Fujimori,  purga prisión de 25 años por los delitos de  autor mediato de la comisión de los delitos de homicidio calificado, asesinato bajo la circunstancia agravante de alevosía en agravio de los estudiantes de La Cantuta y el caso Barrios Altos y secuestros agravados contra el periodista Gustavo Gorriti y el empresario Samuel Dyer, así como por peculado doloso, apropiación de fondos públicos y falsedad ideológica en agravio del estado (condena a 7 años por estos últimos cargos).
Pues bien, el sentenciado Fujimori al fracasar su pedido de indulto, ha recurrido a una nueva estrategia: solicitar a un juez supremo se le conceda  “el arresto domiciliario”, aduciendo su estado de salud, para lo cual ha montado toda una operación sicosocial como en sus mejores tiempos: aparecer ante las cámaras de televisión “cuidadosamente descuidado” y con aspecto lamentable, con la intención de generar lástima y compasión, lo que contrastó infelizmente para él con las imágenes vistas  posteriormente de la manera violenta y prepotente como intimidaba a empleadas y enfermeras de la clínica donde fue internado luego de una de las últimas audiencias judiciales a propósito de su ilegal pedido.
El caso es que la legislación penal peruana no contempla arresto domiciliario para los sentenciados, como es el caso del ex presidente, por lo cual sería ilegal se le favorezca con esta solicitud. El arresto domiciliario solo lo contempla la ley para los que se encuentran en calidad de procesados. Claro como el agua.
Lo que aducen los fujimoristas de que habría que cubrir un “vacío legal” es solo una argucia que ha sido desechada de plano por los principales juristas del país. Sino simplemente imaginémonos cuantos “vacíos legales” podrían argumentarse para alcanzar beneficios, por supuesto solo para los que gozan aún de algún poder e influencia.
Esperamos que el Juez Supremo que ve el caso resuelva de acuerdo a ley por la salud de la justicia en el Perú y también por las víctimas  por lo que fue sentenciado Fujimori, al margen de cualquier otra consideración.

domingo, 20 de octubre de 2013

CASO URTECHO : "DONDE SE PONE EL DEDO BROTA ..."

El lamentable caso del congresista Michaell Urtecho de las filas de Solidaridad Nacional, viene a confirmar la validez de aquella famosa frase del padre del anarquismo peruano Manuel González Prada:  “donde se pone el dedo brota la pus”. En efecto, el congresista Urtecho era seguramente el legislador que menos sospechas inspiraba en su conducta en el parlamento nacional, no solamente por su discapacidad, sino por las intervenciones que había tenido en casos similares y por la imagen de seriedad que exhibía, pero al parecer solamente se trataba de una imagen.
La apropiación abusiva de parte de los emolumentos de sus asesores en el Congreso, ya aceptado por el legislador; lo que parece también confirmado, el manejo trucado de facturas por consumo y otros, vienen a confirmar lo que se sabía de muchos de nuestros congresistas, que esas voces tan mentadas de que “llego al Congreso por mi vocación de servicio”, no son sino frases que enmascaran otras verdaderas y torvas intenciones. Es de esperar, que el Congreso actúe con la rapidez que es inusual en él, pues no basta con la suspensión de 120 días y que ojalá no estemos ante otro caso en donde se valgan de argumentos dilatorios ya enarbolados en otros casos mediáticos por otros personajes de poder: violaciones al debido proceso, prescripciones, interpretaciones ad hoc de la ley…. Aunque ya algunos otorongos han insinuado que en caso extremo el Congresista Urtecho no podría ir a prisión aún en el caso que se le encuentre delitos punibles, argumentando casualmente la condición de discapacitado del legislador y hasta el Fiscal de la Nación habría declarado que “su incapacidad atenúa su culpabilidad” (sic) posición que no es compartida por cierto por connotados juristas del país. En todo caso, un vergonzoso caso más de este Congreso, que es  considerado como uno de los peores de nuestra historia.